domingo, 6 de julio de 2014

Enseñabilidad y fomento de los valores y de las competenicas éticas

ENSEÑABILIDAD Y FOMENTO DE LOS VALORES Y COMPETENCIAS
ÉTICAS A PARTIR DE LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA, LAS MATEMÁTICAS, LA FÍSICA Y LA QUÍMICA 

PREÁMBULO
Comúnmente los profesores de filosofía, de matemática, de física y de química; enseñan a sus educandos las teorías de estas disciplinas sin relacionarlas con las consecuencias éticas y sociales que determinan; como resultado el educando no articula filosofía, ciencia y sociedad; no concibe claramente que el filosofo y el científico tienen una responsabilidad social de cara a sus productos. Por otro lado el  educando  desarrolla competencias  filosóficas  o  científicas  aisladas  de  las compendias éticas y axiológicas. El educando recibe en síntesis una formación en ciencias deshumanizada, peor aun el estudiante no alcanza a vaticinar que la filosofía o la ciencia misma puede contribuir al desarrollo de sus inteligencias intra e interpersonales. En vista de esta dificultad el club de ciencia incógnita en alianza estratégica con el instituto de investigación científico humanista SETH, con el apoyo de la universidad Santo Tomas y con el auspicio del programa ondas de Colciencias decidió investigar el problema; el cual se definió de la siguiente manera:

lunes, 16 de junio de 2014

Biotecnología y

LA HUMANIDAD FRENTE AL NUEVO REGALO DE PROMETEO
Por: John Fredy Zuluaga Duque
Tres tensiones han forjado la historia de la humanidad a saber: 1) la vida versus la muerte,  2) la libertad versus la obediencia, y 3) la felicidad versus el sufrimiento. En ninguna época como en la actualidad estas tensiones se habían manifestado tan fuertes, intensas y reales. En la antigüedad los alquimistas buscaban el elixir de la eterna juventud, los emperadores buscaban el control de sus súbditos y las personas comunes buscaban la satisfacción en sus oficios. Hoy los científicos buscan el “superhombre”, la elite busca dominar la mente del hombre común y este normalmente busca placer. Las ideologías actuales nos seducen con promesas, al tiempo que nos ocultan los riesgos. Nos prometen perpetuar la vida, hacer lo que queremos y tener éxito; no obstante, nos ocultan las consecuencias negativas que se desprenden de jugar a ser dioses, de no ser responsables de nuestras decisiones y de vivir esclavizados a un trabajo para mantener un estilo de vida que no hace cosa distinta a esclavizarnos.
Verbigracia, las distintas ciencias y tecnologías, directamente aplicadas a la transformación del cuerpo y de la mente humana, entre las cuales cabe resaltar la nanotecnología, la neurorobotica, la ingeniería genética, la biología molecular, entre otras; nos prometen a partir de microcircuitos, de interfaces cerebrales, de manipulación genética, mejorar el cuerpo humano y potencializar el cerebro. Estas mismas ciencias que tantos beneficios trae a los seres humanos, dejan de contarnos las consecuencias negativas biológicas y sociales que trae consigo redescribir el genoma humano, implantar bioprotesis, introducir al cuerpo robot milimétricos e introducir información artificial a nuestro cuerpo y consumir productos transgénicos. Estas ciencias y tecnologías, no nos cuentan de las mutaciones, ni los distintos cánceres, ni enfermedades mentales, ni la pérdida de emociones, ni de la inequidad  natural y social que generan estos nuevos dispositivos implantados en los humanos.
Así mismo los distintos sistemas de poder, económico-político, aquellos que nos prometen seguridad y libertad, nos ocultan los sofisticados mecanismos de control que utilizan para monitorear nuestras acciones; nos enseñan a ser pacíficos y no protestar; mientras invierten nuestros impuestos en armamento, sofisticados satélites y mecanismos de vigilancia.
Y las distintas culturas refuerzan en cada uno de nosotros los deseos de éxito, fama, y prestigio; pero no nos cuentan que estamos obligados a invertir toda una vida de trabajo para sostener un estilo de vida que finalmente nos hace morir lentamente sin sentido. Nos enseñan a vivir para consumir, enajenando directamente nuestro cuerpo y mente.
En fin muchas “ideologías prestigiosas” nos prometen vida, libertad y felicidad, pero la realidad solo manifiesta “muerte, servidumbre y fracaso”.  Nuevos modos de eugenesia, reproducción in vitro, clonación, implantes cibernéticos, prometen una vida plena. Nuevos modos de economías liberales, prometen que una persona pase de ser siervo de la gleba a ser regente de una  multinacional. Nuevas modas y estilos de vida, prometen una vida exitosa y placentera a quien esté dispuesto a vender su paz interior y su trabajo creativo por un trozo de oro y un titulo del más popular.  Así pues, cabe preguntar ¿Cómo se define el ser humano en este contexto de tensiones actuales e influyentes ideologías? ¿Cuáles son los riesgos que el ser humano afronta al decidir redefinir su humanidad a través de transformación artificial de su cuerpo y de su cerebro? En este orden de ideas, el propósito que pretendemos desarrollar dicho genéricamente es este:
Ilustrar como en la actualidad se reescribe el concepto del hombre, como un ser que interviene artificialmente su ser corporal, mental y social; y mostrar algunas consecuencias que pueden surgir de esta dinámica.

I TENSIÓN: VIDA VS MUERTE
 … en búsqueda del elixir de la eterna juventud
El primero punto de tensión que define nuestra condición como seres humanos es la vida y la muerte, nuestro instinto marca la ruta de la supervivencia y para ello creamos el artificio. El mundo artificial nos define como hombres, no podemos aspirar a estar libres de los artefactos, ni de las maquinas, ni de los sistemas ideológicos;  porque estas creaciones representan el pilar de nuestra condición humana. Hemos sobrevivido desde hace aproximadamente 2 millones de años, porque ante la naturaleza hostil hemos antepuesto el artefacto y más ampliamente la cultura. Sin embargo aunque la artificialidad nos defina, no implica la inexistencia de riesgos. Ilustremos el caso:
Mientras la naturaleza de forma espontanea selecciona como se realiza una sana procreación, en el mundo humano se ensaya desde hace siglos la eugenesia. Por ejemplo las sociedades vikingas, los griegos, los nazis; suprimían la vida a las recién nacidos (infanticidio) que no cumplieran con los mínimos exigidos de un neonato sano y fuerte. En la actualidad el “denominado aborto terapéutico” cumple también la función de obstruir la vida de embriones y fetos que según los criterios médicos, ponen en riesgo la vida de la madre o que poseen malformaciones que les impedirían vivir satisfactoriamente. Ahora bien, gracias a los avances de la biotecnología, la ingeniería genética, la biología molecular, la cibernética, la neurorobotica, la neurociencia y la inteligencia artificial; la humanidad ha pasado a otro nivel de selección artificial. La inseminación artificial, la fecundación in vitro y la manipulación del mapa genético llevará la procreación a un nuevo nivel. Las prótesis cibernéticas y los implantes de microchips llevaran al cuerpo y al cerebro humano a explorar un nuevo potencial. Lo que promete esta nueva artificialidad en pocas palabras es: UN SUPER HOMBRE.
Los superhombres no nacen, se seleccionan por medio de la eugenesia o se diseñan reescribiendo la cartografía genética de los humanos o se mejoran reemplazando órganos por sistemas robóticos. El deseo de ser superhombre sin duda nos tienta a la mayoría de los seres humanos; pero, ¿justifica el fin los medios y las consecuencias? De ninguna manera, el fin de ser un superhombre no justifica consecuencias como asesinar a seres humanos que no cumplen con un estándar de cuerpo humano sano. De hecho cabe preguntar ¿Quién posee el legitimo derecho de establecer un criterio para determinar qué tipo de ser humano está mejor dotado que otro? No justifica la experimentación con fetos, ni embriones, ni justifica tampoco el número de anomalías y mutaciones que se crean en los laboratorios bajo el pretexto de mejorar las capacidades humanas. El fin de alcanzar un superhombre por medio de la manipulación genética, no justifica las consecuencias de poseer bancos de embriones y órganos criopreservados.  Hoy el conocimiento científico y tecnológico nos permite clonar órganos y mantener almacenes de ellos, pero ¿justifica toda esta magia de la ciencia hacer de la vida humana un mercado? El elixir de la eterna juventud de los alquimistas lo tenemos a la mano, sea reemplazando genes defectuosos, clonando órganos para reemplazar por partes el cuerpo deteriorado o reemplazando órganos por ciberprotesis o biocircuitos. ¿En este mercado de la vida? ¿Quién oferta? ¿Quién demanda? ¿Quién accede al bien o al servicio?
Nos prometen un superhombre corporal e intelectual, sin embargo ¿nos pueden prometer un superhombre moral? ¿Quién decide qué es preferible 16000 intelectuales haciendo la bomba atómica o 4000 hombres comunes trabajando por la paz?
Nos prometen un superhombre vigoroso diseñado en un laboratorio, pero ¿Qué es preferible la fuerza del musculo diseñada por los genetistas o la nobleza del espíritu cultivada en el seno de la familia?
Nos prometen un superhombre eficaz como la maquinas, no obstante ¿Qué es preferible la eficacia de hombre maquina programado o la capacidad de equivocarse y de aprender ello de los hombres normales?
En el imperio de la razón teórica e instrumental (conocimiento) sobre la razón práctica (ética), lo único que cabe esperar  es una catástrofe. No podemos prescindir ni de las ciencias, ni de las tecnologías; pero cabe esperar que sea la ética la que las regule.
Es difícil imaginar una sociedad de hombres programados, diseñados y mejorados cuyo, apellido es una marca de laboratorio. Es difícil imaginar una sociedad donde los sentimientos morales y la ética cuenta menos que un cuerpo sano. Es difícil imaginar una sociedad donde la sensibilidad humana sede paso a la respuesta de órganos cibernéticos, los cuales responden con información al medio basados en una lógica reducida al input, output y feeback.
También es difícil imaginar “otro ejemplo: la obtención de nuevos seres vivos «inter-respectivos» mediante fecundación artificial entre gametos provenientes de individuos de especies distintas se considera todavía hoy moralmente condenable si se refiere al hombre (piénsese en las discusiones surgidas frente a la perspectivas de poder obtener un hombre-mono fecundando en probeta un óvulo de mujer con espermatozoides de otro primate) (Agazzi, 1996, pág. 250)”.

¿Qué le responderemos al joven San- Sung modificado cibernéticamente y creado en un laboratorio o al joven Armando Probeta rediseñado genéticamente cuando pregunten? ¿Quién soy? ¿Cuál es mi origen? ¿Cuál es mi propósito y que debo esperar de los otros seres?

II TENSIÓN LIBERTAD VS OBEDIENCIA
…en búsqueda de la omnipotencia
Desde el siglo XVI con más vigor que en los siglos anteriores, los hombres hemos querido por medio de las ciencias y de las tecnologías descubrir los misterios de la naturaleza, nuestro propósito ha sido gobernarla y usufructuarnos de sus riquezas. En el siglo XXI ya no nos conformamos con controlar el mundo físico, ni tampoco nos saciamos controlando el mundo vivo, ahora deseamos un control a mayor escala, queremos controlar a nuestros congéneres. Siempre hemos querido eso como especie, ahora hemos creado las herramientas, artefactos y maquinas para hacerlo.
El radio-seguimiento ha sido una técnica que biólogos han utilizado con frecuencia para identificar los movimientos de los animales, consiste en colocar un collar que emite una honda de radio a un transmisor. Podemos predecir sus movimientos y comportamientos. El sistema GPS (sistema de posicionamiento global), a través de una red satelital permite ubicar objetos, animales y personas con una precisión asombrosa. Gracias a la nanotecnología en la actualidad se implantan microchip en animales para lograr localizarlos con un margen de error imperceptible a los sentidos humanos. Hasta aquí todo el mundo está feliz. En efecto, podemos predecir la ola migratoria de los animales, hallar el automóvil robado y encontrar la mascota extraviada. Gracias a la tecnología tenemos un gran control sobre aquello seres que no gozan de ninguna libertad. Empero la felicidad se reduce cuando alguna técnica de monitoreo se aplica a la realidad humana. Tal vez no nos preocupa el hecho de que algunos de estos sistemas sofisticados se implementen en presos o en personas con libertad condicional. Creemos que los millones de cámaras y los cientos de satélites que tenemos sobre nosotros están allí para garantizar nuestra seguridad; la pregunta que surge de esto es ¿Cuándo estamos dispuestos a sacrificar de la mínima libertad que tenemos para obtener esa tan anhelada y prometida seguridad? Hace unos pocos años solo las películas de ciencia ficción hablaban de incorporar microchip en los tejidos humanos, para predecir nuestros movimientos, pero hoy el desarrollo de esta tecnología es un rotundo hecho. La brecha entre poseer o no un microchip es tan solo jurídica. Los experimentos de interfaces cerebro-ordenador en animales han dado tan buenos resultados que su funcionalidad se puede comparar con una maquina de microondas.
En 1791 el filósofo  Jeremy Bentham diseño lo que sería un panóptico, esto es, una construcción para presos que permitiría a través de una torre en el centro, vigilar a los reclusos sin que estos pudieran identificar si están siendo vigilados. Un siglo y medio más tarde el filosofo  Michael Foucault, afirmaría que la época en la que vivía se podía representar como una sociedad panóptica, con ello se refería a que el panóptico diseñado por Bentham se había extendido a las escuelas, a la industria y a otras instituciones. En la actualidad la mayoría de nosotros estamos siendo vigilados por artefactos exógenos, llámense estos  satélites, cámaras y tarjetas de identificación. En un futuro muy cercano el artefacto de vigilancia será sin duda endógeno, esto es, implantado. Ser libre implica tomar decisiones autónomas, pero con una sociedad panóptica, nuestras decisiones tienden a ser automáticas. Baste con observar cómo cambia el comportamiento de los jóvenes estudiantes o de los obreros de una fábrica, cuando se les advierte que existen cámaras escondidas que graban todo lo que hacen y todo lo que dicen. La libertad con la que nos expresamos en las redes sociales cambia de hecho cuando se nos informa que somos presa fácil del ciberespionaje. 
Nos prometen poder, satisfacción y seguridad, pero la realidad manifiesta dominación, frustración y control.
A lo largo de toda la historia siempre ha existido una limitación a la libertad; los amos limitaban a los esclavos, los patricios a los plebeyos, los Duques a los siervos, los burgueses a los proletarios, la elite a la muchedumbre. ¿Y qué podemos decir en la actualidad? ¿Los dueños del conocimiento y de las tecnologías limitan a quienes?
Algunos defensores de los implanten de microchip en seres humanos argumentan que se mejora ostensiblemente la seguridad de una persona, una vez que si ésta es secuestrada, se puede ubicar su posición con un margen de error de pocos centímetros. También argumentan que en un chip del tamaño de 25 milímetros se puede almacenar información tan vital como la historia clínica y tan operativa como su estado financiero. Pero nos ocultan las consecuencias de estos implantes. Como decía Aldoux Huxley en un mundo feliz “grande es la verdad, pero más grande todavía, desde un punto de vista práctico, el silencio sobre la verdad”. Estudios de laboratorio han demostrado que por lo menos el 10% de los animales implantados desarrollan algunos tipos de cáncer, a causa del rechazo del cuerpo al nuevo intruso. Podría esperar por analogía a que a los seres humanos nos pase igual. Aunque más allá de los problemas vitales que esto puede acarrear hay que preguntarse ¿qué porción de la libertad estamos dispuestos a sacrificar por la seguridad o mejor dicho por el control?
Nos prometen libertad de expresión y de acción. Al tiempo que aumentan los mecanismos de represión.
Mientras los humanos creamos mejores mecanismo de control y represión cabria preguntarse ¿Cuándo vamos a invertir recursos en crear mejores mecanismos de formación para el ejercicio prudente de la libertad?
Nos prometen satisfacción y seguridad. Al tiempo aumentan las necesidades contradictoriamente innecesarias y también aumentan los mecanismos de refuerzo.
Nos prometen omnipotencia. Al tiempo nos hacen débiles frente a los que ostentan el poder.
Mientras invertimos millones de dólares para entender la conducta humana (mapa cerebral, sicología de la conducta, entre otros), debemos preguntar ¿Cuándo vamos a invertir en conocer las formas para generar justicia social, bienestar colectivo y bien común?

III TENSIÓN FELICIDAD VS SUFRIMIENTO
…en búsqueda de la vida fácil
Trabajo para la innovación, educación para la programación y ocio para el entretenimiento barato.
Tomas moro proponía en su libro utopía una sociedad en la cual se pudiera trabajar pocas horas, de modo que cada individuo dispusiera de tiempo para el ocio. Supusimos que con los avances tecnológicos en robótica, microelectrónica e ingenierías, lograríamos construir maquinas tanto automatizadas como con inteligencia artificial que trabajaran por nosotros. Como su nombre lo indica la utopía de tomas moro no está en ninguna parte. La flexibilidad de los mercados y la especialización de los trabajos, ha hecho posible que se pueda trabajar 4, 5 o 6 horas al día, los legislaciones de muchos países han legalizado la jornada laboral en 8 horas y algunos gobiernos incluso han reducido la jornada a 6 horas; se esperaría con ello que las personas tuvieran más tiempo para hacer cosas de humanos como: pensar, compartir con amigos, recrearse, amar, etcétera. Sin embargo el efecto fue contrario al esperado, una vez que las personas obtienen tiempo libre, lo utilizan para conseguir un empleo adicional. Los empresarios por su parte deberían tener tiempo libre, más la mayoría de ellos deben trabajar hasta el hastío, para no sucumbir frente a la competencia. Marcuse ya había declarado como el trabajo humano se había enajenado, esto es, automatizado. Hicimos artefactos[1], maquinas y robot con el propósito de mejorar la productividad, el propósito se cumplió, pero con una consecuencia nefasta, compartimos tanto con las maquinas, que aprendimos a imitar su funcionamiento. En la actualidad ya no nos comportamos como humanos, sino que cumplimos funciones como maquinas. Buscamos bienestar, pero hemos obtenido monotonía y hastío. Buscamos desarrollo humano, pero lo confundimos con crecimiento económico.
El potencial creativo que cada ser humano posee se ha mercantilizado y le hemos asignado un nombre “innovación”, nuestros capacidades científicas y tecnológicas en gran proporción están condicionas por el mercado de bienes y servicios. Los mejores diseñadores de microcircuitos, de redes, de comunicaciones, de sistemas operativos, de interfaces, no explotan directamente su potencial creativo como expresión de su libertad, sino como una imposición caprichosa de los nuevos reyes del mercado los clientes, estos exigen cada día mejores aparatos electrónicos de juegos, mejores ambientes virtuales de entretenimiento, mejores artefactos, entre otros. Para enfrentar estos retos es que hemos desarrollado la tecnología educativa basada en competencias y resultados, la publicidad y los mass media han garantizado en gran parte la programación del cerebro desde tempranas edades, sea para producir o consumir lo innecesario.
En la actualidad las neurociencias, la fisiología, la antropología, sociología, economía, la sicología de la conducta, la estadística, entre otras ciencias, nos han dado una comprensión del hombre bastante efectiva, mas este conocimiento se está aplicando para programar a los individuos para la adaptación a esta civilización mercantil y de consumo.
Cientos de personas han donado sus cerebros a la ciencia para que los científicos realicen cartografía fisiológica y neurológica del cerebro[2], cientos de personas voluntariamente han participado en experimentos de psicometría los cuales han sido utilizados por los científicos para elaborar cuadros de comportamiento y cientos de personas han sido involuntariamente conejitos de indias de empresas farmacéuticas que analizan como responde el cuerpo y la mente a determinados fármacos. Cabría preguntar ¿todo el conocimiento de ello a rendido algún fruto además de la dominación?
Efectivamente conocemos bastante bien el mapa fisiológico y neurológico del cerebro humano y conocemos también como influir directamente en los hábitos y en las creencias de las personas, pero ¿usamos este conocimiento para enseñar al hombre a crear y actuar en función de un trabajo pleno, en función de una educación para la libertad y en función del uso del tiempo libre acorde a la felicidad?
El filosofo estoico Epícteto hace más de dos siglos enseñaba al mundo griego que la felicidad dependía de las motivaciones intrínsecas del ser humano, empero en la actualidad este pensamiento ha entrado en desuso. La felicidad o como se traduce hoy el éxito, es más una idea que llega desde a fuera. Las motivaciones y los deseos  los implantan a través de técnicas sofisticadas de marketing digital, de publicidad en pantallas de tv, ordenadores, dispositivos móviles on line, comunidades virtuales, entre otras, que combinan la magia de la información digital con los conocimientos la conducta humana. Por ejemplo, la estrategia de remarketing que usa google, hace que la publicidad siga un usuario en su ordenador por 540 días, miestras este navega desprevenido en la red. Esto hace que las ideas, los medios y los fines referentes a la felicidad, ya no pertenece a los individuos, sino que la fabrican los dueños de los mercados. No es exagerado afirmar que la felicidad ya no es una decisión libre del individuo, sino una imposición de los agentes económicos. Por ello no es raro que el entretenimiento digital, haya reemplazado el encuentro con la naturaleza. La diferencia es que el entretenimiento digital cuesta dinero y condiciona la mente, mientras que la naturaleza es gratis y abre la mente. No es raro encontrar que el internauta acrítico y compulsivo cambia el tiempo de su ocio por una ocupación barata.
Nos prometen éxito, adaptación social y placer, pero la realidad manifiesta fracaso, disociación y sufrimiento.
Las nuevas tecnologías de la informática y de la comunicación, las distintas ingenierías, directamente relacionadas con la cultura del consumo, nos prometen una vida exitosa y fácil pero ¿Es fácil trabajar 10 o 12 horas en una labor enajenadora a cambio de un dinero siempre insuficiente para satisfacer los deseos de la cultura de consumo? ¿Cómo puede una persona ser exitosa si la idea de éxito no le pertenece al individuo sino a quienes gobiernan el mercado?
Consideración final:
“Las invenciones de los hombres van avanzando de siglo en siglo. La bondad y la malicia del mundo en general singuen siendo los mismos” Pascal (citado por: Voltaire, 1993, pág. 209)
A través de la razón teórica los seres humanos hemos creado distintos tipos de conocimientos (ciencias, tecnologías, sentido común, doxa legítima, humanidades, artes, saberes ancestrales, etcétera); los cuales hemos aplicado a la creación de artificios tangibles e intangibles.  Estos saberes y artefactos nos han definido como humanos y han sido imprescindibles para generar la adaptación del hombre a la vida; en este ensayo hemos querido resaltar algunas riesgos de las malos usos de nuestras razón teórica, mas no queremos desconocer la importancia monumental que tienen los saberes cuando lo aplicamos al desarrollo humano, por esto advertimos la necesidad de que la razón practica, esto es, la ética, regule la razón teórica. El imperio de la razón teórica unido al imperio de las ideas mercantiles, solo hace que el hombre pierda su humanidad y tenga un fin desdichado. La esperanza de un mundo mejor dejara de ser una quimera,  si y solo si se logra la armonización entre la razón teórica y la razón practica.
Este ensayo nos deja en medio de estas dos posiciones, usted es quien toma partido. Dice pascal: “Debemos reconocer que el hombre es tan desdichado que incluso se aburriría sin ninguna causa extraña de hastío, por el propio estado de su condición”. Contesta Votaire “Por el contrario, el hombre es dichoso a ese respecto y debemos gran agradecimiento al autor de la naturaleza por haber unido el hastío a la inacción, a fin de forzarnos de ese modo a ser útiles al prójimo y a nosotros mismos”. (Voltaire, 1993, pág. 172)
Lo cierto de todo es que todas las aplicaciones de los saberes que poseemos redefine nuestra condición como humanos; hace siglos Aristóteles definió al hombre como un animal racional, en la actualidad ya debemos incorporar a esta definición de hombre el artificio; el cual ya no es externo al cuerpo y a la mente, sino que hace parte de su esencia.
En síntesis ¿Qué es el hombre? Un ser frágil que juega a ser superhombre, un ser condicionado que juega a ser libre, un ser lleno de necesidades que juega a ser feliz. Y está bien que juguemos, ya  el filosofo Johan Wizinga definía al hombre como “homo ludens”, el problema empieza que estamos jugando con el nuevo regalo de Prometeo las ciencias y las tecnologías, y estamos jugando olvidando colocar en las reglas de juego la ética. La última vez que jugamos en la segunda guerra mundial con el fuego que nos regalo Prometeo, murieron más de 60.000 millones de seres humanos, esperemos que los nuevos juegos que emprendemos a futuro respondan a un desarrollo moral, pueda garantizan efectivamente que los saberes y artefactos se usen responsablemente en función de la dignidad humana y de la protección del planeta.

Bibliografía

Agazzi, E. (1996). El bien, el mal y la ciencia. Madrid: Tecnos.
Voltaire. (1993). Cartas filosóficas. Barcelona: Altaya.


Webgrafía
http://es.wikipedia.org/wiki/Neil_Harbisson (artista con ojo cibernetico)
http://www.youtube.com/watch?v=GUGxuNS8EsA (habla el primer hombre cibernético)
















[1] Ejemplo de ello es la tecnología de exoesqueletos cibernéticos, que posibilitan que un hombre cuadriplique su fuerza haciendo uso del nuevo artefacto el cual se usa como un traje sobre el cuerpo.
[2] Entre las técnicas más utilizadas para realizar la cartografía cerebral se encuentran: la electroencelografía, la resonancia magnética y el estimulo del cerebro a través de imágenes con la respectiva medición de su respuesta. Ver: http://www.ted.com/talks/allan_jones_a_map_of_the_brain.html

jueves, 1 de agosto de 2013

Popper Racionalismo crítico


John Fredy Zuluaga Duque
Lic en filosofía (USTA)
Mg en filosofía (U. de Caldas).
Doctorado en filosofía (U. de Antioquia). Tesista.



ANÁLISIS PROPEDÉUTICO DEL CRITERIO DE FALSABILIDAD DE KARL RAIMUND POPPER

“Ahora puedo regocijarme hasta por la refutación de una teoría estimada porque aún esto es un éxito científico” JOHN CAREW ECCLES

En este estudio se pretende esclarecer analítica y críticamente el “criterio lógico de demarcación” de Popper; para tal efecto se han esbozado tres objetivos a saber:
Primero: Exhortar acerca de la importancia que ha tenido para la filosofía el problema de la distinción entre conocimiento verdadero del falso y entre la ciencia y la pseudo-ciencia. Segundo: Denotar el concepto de “falsabilidad” y mostrar los motivos por los cuales Popper de sintió forzado a redefinir este “criterio de falsabilidad”. Tercero: Establecer la relación existente entre el “criterio de falsabilidad”, “acontecimiento” y “evento”; al tiempo se pretende precisar algunos conceptos técnicos como “enunciados homotípicos” y “enunciados básicos”. Cuarto: Establecer la relación entre falsabilidad y contrastación. Quinto: Mostar la adhesión del autor al “criterio de falsabilidad”, y manifestar algunas dificultades con relación a su aplicación en las ciencias sociales, poniendo como ejemplo la economía.

I.                   Una pregunta ineludible para los filósofos.

Existen evidencias históricas suficientes para confirmar esta premisa: Los filósofos han planteado respuestas a la pregunta ¿Qué tipo de conocimiento es verdadero y cual es falso? Verbigracia los filósofos presocráticos se caracterizaron por confiar en las explicaciones racionales (logos) y cuestionar la verdad de las explicaciones mítico-religiosas. En la filosofía Ática Platón distinguió entre el conocimiento verdadero (episteme) y el conocimiento falso (doxa); Aristóteles manifestó una confianza en la lógica y en las ciencias, al tiempo que no se fiaba del simple raciocinio. En la época medieval San Agustín confió la verdad a la teología y declaró un vivo rechazo al conocimiento que no fuese fruto de la iluminación; Santo Tomás defendió la verdad de  la filosofía y de la teología y puso en tela de juicio todo tipo de conocimiento basado en la superstición. En la filosofía moderna Descartes acreditó a la matemática como modelo de ciencia verdadera y desconfió del conocimiento que no fuese racional; Bacón depositó su confianza en la filosofía natural y criticó con rigor todo tipo de conocimiento basado en la especulación, los prejuicios, las prenociones o los ídolos (tribu, caverna, foro y teatro).

Los filósofos por múltiples vías y de distintos modos desde la antigüedad hasta la época moderna, se esforzaron por distinguir entre el tipo de conocimiento confiable, de aquel que no lo era. Hume ilustra bien este esfuerzo una vez que concibe el tipo de conocimiento teológico y metafísico como falso, recordemos sus palabras: “Si tomamos cualquier volumen, sobre teología o metafísica, nos podemos preguntar ¿Contiene algún tipo de razonamiento abstracto relativo a la cantidad o el número? No. ¿Contiene algún tipo de razonamiento experimental relativo a la realidad o a la existencia? No. Arrojémosle, pues, al fuego, porque no puede contener sino sofistería e ilusión”.

Nombrar a la teología y a la metafísica como sofistería e ilusión y condenarlas a la hoguera por no cumplir con los criterios empiristas para ser catalogada como una clase de conocimiento, si no seguro por lo menos admisible; representó indubitablemente un rechazo funesto a los saberes que se ubicaban fuera de los limites de aquello que era susceptible de ser observado, medible, cuantificado o experimentado. Esta manera tan radical de limitar el conocimiento científico, pudo bien ser utilizada para criticar a los sistemas que desdeñaban a la experiencia como fuente de conocimiento; pero no podía ser usada para circunscribir el conocimiento científico y a su vez contraponerlo a la seudo-ciencia –por supuesto que no era este el objetivo de Hume-.

Con Kant la discusión se especializa, pues en lugar de buscar distinguir entre conocimiento verdadero del falso, la polémica siguió girando entorno a lo que podía ser conocido y entorno a lo que debía ser considerado científico. El filósofo königsberguense se esforzó por establecer los “límites del sentido”; en su “critica de la razón pura”, intentó fundamentar la ciencia de su época; la geometría, la aritmética y la física e incluso no escatimó esfuerzos para reivindicar la importancia de la metafísica no dogmática. Su labor fue fructífera en cuanto abrió el debate sobre la posibilidad del conocimiento científico, empero no resultó suficiente para establecer un criterio claro de delimitación, entre lo que podía considerarse ciencia y aquello que no lo fuese. Siglos más tarde los representantes del positivismo lógico entre ellos Rudolf Carnap diseñaron el “criterio empirista del significado” conocido como “principio de verificación”, con el cual pretendían negar el sentido de la metafísica como tipo de conocimiento, no partiendo de lo que ésta podía conocer; sino a partir de lo podía decir. Los positivistas lógicos concluyeron que el discurso metafísico transgredía los límites del lenguaje; pues formulaba “pseudo-conceptos, seudo-enunciados y pseudo-problemas”; así esta metafísica construyó un conjunto de enunciados carentes de sentido o si se quiere formó proposiciones sin “contenido cognitivo”. Para los filósofos del círculo de Viena, los enunciados con “contenido cognitivo”, debían ser capaces de ser verificados en términos de “enunciados básicos de observación”; la metafísica no cumplía con este requisito, ergo sus enunciados no tenían sentido. El principio de verificación fue tan extremo que colapso fácilmente; entre una de las causas más sobresalientes figura el que las leyes universales de la ciencia no podían ser verificadas. De lo anterior se sigue que el objetivo filosófico de los positivistas vieneses de trazar una línea divisoria entre conocimiento científico y metafísico sucumbió con “el principio de verificación empírica del significado”.

Por otro Lado Karl Raimund Popper propulsor del racionalismo crítico, se dió a la tarea de construir un “criterio de demarcación” denominado el “criterio de falsabilidad”. Este resultaría siendo una vía promisoria para distinguir los enunciados y teorías científicas de otro tipo de enunciados seudo-científicos.

Los motivos que llevaron a Popper a formular el criterio lógico de “falsabilidad”, no deben ser entendidos como un acto de sustitución del “principio de verificación empírica del significado”, en cuanto ambos criterios no son simétricos[1]; debe ser comprendido como el deseo que motivo a Popper de distinguir entre ciencia y seudo-ciencia. El “criterio de falsabilidad” fue diseñado para resolver la pregunta “¿Cuándo debe ser considerada científica una teoría?” o “¿hay un criterio para determinar el carácter o status científico de una teoría?”[2]. En ello su anhelo resultó ser análogo al deseo de Hume o de Kant, quienes quisieron establecer como se insinuó antes, los límites del conocimiento, aunque obviamente Popper logró circunscribir mejor el problema. Este deseo no coincidió con el proyecto del positivismo lógico de derribar la metafísica; a propósito expresa el profesor Carlos Emilio García “a diferencia de los neo-positivistas, quines veían en la metafísica un obstáculo para el conocimiento y un riesgo para ciencia; Popper admite que las ideas de origen metafísico pueden influir notablemente en la ciencia, hasta el grado de llegar a inspirar algunas teorías importantes”[3].

II Denotación del Concepto de “Falsabilidad”

En la “Lógica de la investigación científica”, Karl Popper demuestra que el problema de la inducción planteado por David Hume, es insoluble; dado que es imposible lógicamente justificar una ley universal a partir de inferencias inductivas. El filosofo de Viena, no esta tampoco dispuesto a aceptar que el principio de inducción es válido a priori y rechaza de facto el inductivismo defendido por los verificacionistas. Del mismo modo observa que la lógica de la probabilidad no es suficiente para justificar el conocimiento científico; esto lo lleva a rechazar por completo la inducción y lo conduce ha proponer en su lugar la vía deductiva. Este último método  procede de la siguiente forma A) Se citan enunciados previamente aceptados B) Se deduce de la teoría, enunciados singulares, ya sean enunciados predicativos o aplicables C) Se eligen enunciados que pueden contradecir la teoría (posibles falsadores) D) La clase de enunciados se compara con los enunciados deducidos de los experimentos E) Si el resultado es positivo la teoría es “corroborada”, es decir ha resistido a la “falsación”; si el resultado es negativo la teoría habrá sido “falsada”. Obsérvese pues que mientras los positivistas lógicos procedían por vía inductiva a verificar sus teorías, Popper presenta algo totalmente distinto: Propone proceder por vía deductiva “falsar” las teorías.

Popper formuló primero un concepto no terminado de “falsabilidad”, con el afán de resolver el problema de la demarcación; en otras palabras emprendió la búsqueda de un criterio que le posibilitara separar los enunciados de las ciencias empíricas, de los enunciados pseudo-científicos, pre-científicos y metafísicos; así mismo quiso hallar un criterio que le facilitara distinguir los enunciados lógicos y matemáticos.
El filósofo propone que un enunciado pertenece a las ciencias empíricas si y sólo si es “falsable” (“empíricamente refutable”). Un enunciado puede ser “falsable” si y sólo si existe por lo menos un “falsador potencial o enunciado básico”[4] que lo contradiga.
Popper ilustra su concepción con múltiples ejemplos de los cuales citaré dos. La hipótesis “todos los cisnes son blancos” es una teoría “falsable” pues un enunciado básico posible como “hay un cisne negro” parado aquí en este momento, contradice la teoría. La hipótesis “todas las acciones humanas son egoístas, motivadas por el propio interés”; no es una hipótesis “falsable”, pues según dice Popper; ningún ejemplo altruista puede refutar la concepción según la cual, existe un motivo egoísta detrás de los actos humanos. Popper señala además que los enunciados existenciales tampoco son “falsables”.
En su libro “La Lógica de la Investigación Científica” este filósofo ofrece una definición más elaborada a saber: una teoría es “falsable” si y solo si, el conjunto de los enunciados básicos se dividen en dos subclases no vacías; una clase que contiene los “enunciados básicos” que  prohíbe la teoría y una subclase de “enunciados básicos” que no están en contradicción con la teoría. En síntesis Popper concluye “podemos expresar esta definición de una forma más breve diciendo que una teoría es falsable si la clase de sus posibles falsadores no es una clase vacía” (capitulo IV pag 82).

En esta primera definición incipiente del concepto de “falsabilidad”, Popper distingue entre el termino lógico-técnico “falsable”1 en el “sentido de demarcación por la falsabilidad”, es decir la “falsabilidad” entendida como posibilidad lógica de una teoría de ser “falsada” y “falsable”2 en el sentido de una teoría de ser falsada definitiva y concluyentemente. En este último caso Popper prefiere llamar a esto el problema de la “falsación”. Una teoría es potencialmente “falsable”1 en el primer sentido y puede ser “falsada”2 en el segundo sentido hasta donde lo permite la falibilidad humana, así pues aunque no existan pruebas empíricas de falsaciones definitivas, si existen innumerables ejemplos de teorías “falsadas”2 verbigracia: Leucipo refutó la teoría de Parmenides quien concibió un mundo lleno e inmóvil, ésta teoría fue refutada por Leucipo quién con su teoría del movimiento, propuso un mundo compuesto de átomos y vació; o más ilustrativo aún: La teoría de Galileo según la cual los planetas giraban en orbitas circulares al rededor del sol, fue refutada por Kepler quien postuló que las orbitas seguidas por los planetas eran elíptica.

Aprietos de esta definición de falsabilidad.

Popper se motivó a revisar la primera definición de “falsabilidad” (entendía como posibilidad lógica de una “falsación”), puesto que era menester elaborar un criterio de demarcación operativo; en otras palabras era necesario diseñar un criterio que permitiera  realizar falsaciones a las teorías. En tal caso el problema de “falsar” teorías no sólo resultaba siendo una dificultad de carácter lógico, sino también metodológico. Se puede observar que en la primera definición de falsabilidad (una teoría es falsable si posee una clase no vacía de posibles falsadores) no se expresaba claramente cuales podían ser legítimamente esos falsadores, ni tampoco se decía con claridad cuales debía ser el  grado de generalidad de ellos.
Ilustremos esto como sigue:
En biología circula la teoría según la cual todos los mamíferos son mono-céfalos y tetrápodos, esta teoría es empírica según Popper pues existen “falsadores potenciales” que la pueden “falsar”, si estos realmente se dan en la realidad. Por contraejemplo si existe por lo menos un mamífero bicéfalo o un mamífero pentatrópodo, la teoría será falsada.
Los convencionalistas objetarían ¿si ese caso no se vuelve a repetir, aún así la teoría sería falsada? Según la primera definición de falsabilidad habría que responder afirmativamente a esa pregunta.
Pues bien el caso ya se hizo real, nació hace menos de una década un bovino bicéfalo. Retomando ¿la existencia real de este falsador, es suficiente para “falsar” la teoría? Un biólogo afirmaría que no, argumentando que esto es un simple caso aislado, no reproducible (fue una simple mutación que no persistió en los mamíferos). De hecho ese fenómeno fue singular y no se ha registrado hasta el momento repetición alguna de ese suceso.
¿Es entonces suficiente la conclusión de que hubo un bicéfalo y sólo uno, para falsar la teoría según la cual todos los mamíferos son mono-céfalos?
Por supuesto que no -incluso Popper hubiera asentido tal negación-.

Para responder a la objeción según la cual el “criterio de falsabilidad” no precisaba los conceptos de “posibles falsadores o enunciados básicos” que la teoría prohibía y que además, no era operativo; Popper reformuló la definición de “falsabilidad”; en la segunda denotación de este concepto, se aseguró de presentar una versión más objetiva del “criterio de falsabilidad”, introduciendo los conceptos de “acontecimientos y eventos”.
Una teoría es “falsable” si excluye por lo menos un “evento”. Los “eventos” son reproducibles y no se dan aislados. El caso del bovino bicéfalo no es reproducible y fue un suceso aislado, por ello no es catalogado como un “evento”. Así con la introducción de la segunda definición del falsabilidad Popper logra responder la objeción convencionalista.


III Desarrollo del Concepto de Falsabilidad

Retomando: Popper observó que la definición inicial de “falsabilidad” era vulnerable a la crítica dado que: A) El requisito necesario que exige Popper para que una teoría sea “falsada”[5] es que posea minimamente un “falsador potencial” o lo que es igual  un “enunciado básico” que la contradiga, mas un hecho, caso, estado o cualquier otra cosa aislada no es suficiente para “falsar” una teoría totalmente. B) Los criterios que se exigen para elegir los “posibles falsadores”, no son lo suficientemente fuertes como para ser convincentes en cuanto que un sólo falsador pueda refutar una teoría. Ambos lastres conducen a Popper a formular de una forma más clara y rigurosa el “criterio de falsabilidad”, para tal efecto el filósofo introduce los conceptos de “acontecimientos y eventos”.

En la primera definición de “falsabilidad”, la teoría era “falsable” si y sólo si tenían “enunciados básicos” que la teoría prohibía; en la segunda definición la teoría es “falsable” si y solo si la “teoría excluye ciertos acontecimientos posibles y como mínimo un evento” y de facto es “falsada” si tales “acontecimientos” suceden en la realidad.
Un “acontecimiento”[6] puede ser entendido como un hecho o fenómeno que depende de condiciones espacio- temporales, los cuales son descritos por medio de los “enunciados básicos equivalentes”. Por regla general se establece que aquellos “enunciados básicos” que son lógicamente equivalentes (mutuamente deductibles o si quiere intercambiables) describen el mismo “acontecimiento”.
Haciendo uso del lenguaje realista Popper abstrae el concepto de “acontecimiento” en los siguientes términos:
Si pk es un enunciado singular, siendo el subíndice (k) las coordenadas individuales de (p)
Si Pk representa la clase de todos los enunciados equivalentes a pk
Luego si Pk contradice una teoría, también un enunciado pk la contradice, en cuanto pk es un elemento de la clase Pk.

Mientras el “acontecimiento” esté cargado de condiciones espacio-temporales, este será particular; Popper con el ánimo de soslayar esta dificultad introduce el concepto de “evento”, el cual lo define como “lo típico o universal en un acontecimiento o sea lo que puede describirse mediante nombres universales”. El “evento P” es la clase de todos los acontecimientos que “solo difieren respecto a los individuos, posiciones o regiones espacio temporales”
En términos realistas Popper expresa su idea como sigue “la clase Pk de enunciados singulares a (pk) es un elemento del evento P”[7].
Introduciendo esta nueva terminología Popper redefine su criterio de falsabilidad, proponiendo que una teoría es falsable si y solo si excluye o prohíbe no sólo un acontecimiento sino por lo menos un evento.
Así como los enunciados básicos describen los acontecimientos, análogamente los enunciados singulares que pertenecen a un evento se denominan “homotípicos”; de allí se sigue para ser “falsable” una teoría, debe contener una clase no vacía de “posibles falsadores”, es decir debe contener una clase no vacía de “enunciados homotípicos”.

IV Relación entre Falsabilidad y Contrastación

La noción de contrastación tácitamente puede ser comprendida como el proceso de someter una teoría, hipótesis o conjetura  a una prueba, o si se quiere un término más imparcial, se podría afirmar que contrastar es someter una teoría a examen. Este concepto se debe diferenciar de testabilidad, en cuanto éste se refiere a la prueba en sentido lógico de la teoría. La “contrastación” en el sentido Popperiano, se lleva a cabo por medio de experimentos; los cuales no están encaminados a verificar, ni a confirmar la teoría sino a “falsarla”; esto con el fin de estimular a los científicos a construir mejores teorías, con mayor contenido de verdad, mayor capacidad en la resolución de problemas y mayor capacidad explicativa.
Popper en el capitulo sexto de la “Lógica de la Investigación Científica” equipara el concepto “contrastable” con falsable y establece entre otras cosas, los grados de “contrastabilidad o falsabilidad”.
Para este filósofo una teoría es “falsable” si y solo si “existe una clase no vacía de enunciados básicos homotípicos prohibidos por ella”. Se dice que una teoría T1, es “falsable” en grado mayor en comparación con una teoría T2, si y solo si T1 posee una clase más amplia  de “posibles falsadores” que T2, de donde se deduce que T1, afirma más cosas acerca del mundo de la experiencia que T2, pues T1 posee más “enunciados básicos homotípicos” prohibidos por la teoría.
La relación que existe entre contenido empírico de una teoría y su grado de “falsabilidad”, es directamente proporcional; en cuanto un aumento del grado de “falsabilidad”, implica un incremento en el contenido empírico de la teoría.

Popper explica gráficamente en una recta numérica, los distintos “grados de falsabilidad” así: Los enunciados existenciales no son “falsables”, así como tampoco lo son los enunciados tautológicos (estos afirman muy poco); estos dos representados numéricamente equivaldrían a cero (o). Por su parte los enunciados contradictorios afirman demasiado, en cuanto cualquier cosa es deductible de ellos; estos enunciados representados numéricamente equivalen a uno (1); entre el intervalo que empieza en cero y que finaliza en uno, se ubican los “grados de contrastabilidad o falsabilidad”; así una teoría será “falsable” en mayor grado cuanto más se acerque al uno sin que llegue hasta este limite -por supuesto-; y será “falsable” en menor grado, una ves se acerque al limite representado por el cero, sin que tampoco pueda llegar hasta éste. En síntesis toda teoría “falsable” debe en consecuencia ubicarse en el rango superior a cero e inferior a uno o lo que es igual en términos formales “fsb (e) >o y <1”.
La única vía que halla Popper, con la cual se pueden comparar las clases de posibles falsadores entre dos teorías, es la relación de sub-clasificación; esta se puede realizar si y solo si se comparan una clase de elementos (a) con una clase de elementos (b) y una de ellas está incluida en la otra. En última instancia esa comparación no se puede dar en casos de intersección donde los elementos de (a) se intersectan con los elementos de (b); dicho de forma más precisa, el profesor Carlos Emilio García Duque agrega “Popper recomienda usar la relación de sub-clasificación para dar expresión al más y al menos intuitivos en que se resuelve la comparación. Pero este proceder exige considerar teorías que se refieren al mismo sector del mundo de la experiencia y, en este sentido, que pueden ser rivales genuinas. Tales teorías deben ser formuladas de tal manera que sus clases de falsadores potenciales establezcan una relación en la que una de ellas contiene, como una subclase propia a la otra. Si no se da esta relación de sub-clasificación, la comparación simplemente no puede tener lugar”[8].





V Consideraciones Generales

Bondades del Criterio de Falsabilidad

A)    Los verificacionistas del circulo de Viena fracasaron en el cometido de construir un criterio, con el cual se lograra instaurar los limites entre la ciencia y la metafísica; su “principio de verificación empírica del significado”, separaba las proposiciones con significado cognitivo de aquellas que carecían de sentido cognitivo; empero fue tan fuerte este principio -como ya se mencionó antes-, que incluso las leyes generales de la ciencia  podían ser consideradas carentes de significado pues no eran éstas susceptibles de ser verificadas. Popper construyó una dura critica contra los positivistas, no sólo contradijo la vía de inducción promulgada por los positivistas lógicos, a la cual contrapuso la deducción;  sino que también criticó su principio verificacionista, e instauró el criterio de falsabilidad. Resumiendo: Con este criterio de demarcación Popper logró dos cosas, sean las siguientes.
Primero: Rescatar algunas proposiciones metafísicas que aún no siendo científicas, poseían significado e incluso podían ser útiles para el desarrollo de la ciencia.
Segundo: presentó una propuesta atractiva y alternativa para vincular la teoría con la experiencia. Los verificacionistas  vinculaban la teoría con la experiencia por medio de la vía inductiva, los “falsacionistas” vinculan la teoría y la experiencia por medio de la vía deductiva.

B)    Por medio del “criterio de falsabilidad” se logró entre otras muchas cosas, esclarecer el significado y las funciones de las teorías, hipótesis o conjeturas y mostrar claramente la importancia que desempeñan éstas en el progreso de la ciencia. Popper precisa por ejemplo, que las teorías buscan permanentemente la verdad (“somos buscadores de la verdad, pero no sus poseedores”); pero agrega que solo podemos alcanzar la verosimilitud, es decir sólo nos resulta plausible aproximarnos en grados a la verdad.
Es un aporte de Popper mostrar que por medio del “criterio de demarcación”, una teoría para ser científica debe cumplir con  el requisito de “falsabilidad” -según posibilidad lógica-; esto advierte el carácter provisional de las teorías (T) y abre paso a la evolución del conocimiento, en cuanto señala que este no es estático sino dinámico. Así tenemos que para resolver un problema P1, se planta una teoría o hipótesis tentativa, luego por medio de las contrastaciones se eliminan errores y nace otro problema, al tiempo que se renuevan las teorías. Dicho en términos formales P1 → TT → EE →  P2. En suma el “criterio de falsabilidad” es compatible con la postura según la cual el conocimiento científico progresa; ya que las teorías se renuevan constantemente, en aras de dar explicaciones con mayor contenido de verdad que corresponden con la realidad.

C)    Otro atractivo oportuno de resaltar en el “criterio de falsabilidad”, es que éste se relaciona estrechamente con la “contrastabilidad”; así las teorías no solo deben cumplir con un criterio lógico para ser científicas, sino que las teorías deben además probarse o mejor se deben “falsar” en consonancia con la experiencia. De forma análoga también se establece una relación entre “falsabilidad y corroboración”; así una teoría resulta corroborada parcialmente cuando ha resistido a experimentos falsadores y termina siendo “falsada” en caso de no resistirlo o refutada en el caso de ser sustituida por otra teoría.
Es también interesante la relación que se da entre “falsabilidad y verosimilitud”. Popper reivindica el concepto de verdad, nos muestra como podemos aproximarnos a ella al tiempo que nos persuade a utilizar su enfoque crítico[9] en la empresa del conocimiento; nos exhorta a pensar en el conocimiento como una elaboración conjetural.

Dificultades del criterio de falsabilidad.
   
A) Considero que la falsabilidad en el sentido de “criterio de demarcación” con relación a su aplicación a las ciencias sociales, genera conflictos relevantes en la comunidad filosófica o científica; ello lo podemos expresar así:

  1. Una teoría, hipótesis o conjetura es considerada científica si y solo si cumple con el criterio lógico de “falsabilidad”.
  2. Una teoría científica es mejor en cuanto pueda ser más fácil falsarla; Popper recomienda no construir hipótesis ad-hoc para salvaguardar la teoría de una posible falsación.
  3. En la práctica científica opera un principio diferente (especialmente en las ciencias sociales), según el cual una teoría es mejor cuando logra eliminar de si las posibilidades de ser “falsada”; incluso creando hipótesis ad-hoc.
  4. En síntesis los científicos buscan construir teorías “templadas” que puedan resistir a las falsaciones y no se ven inclinados a construir teorías que sean fácilmente “falsables”, de facto los científicos se esfuerzan por crear hipótesis ad-hoc[10] para evitar falsaciones a sus teorías.

Paul k Feyeraben apoya a Lakatos en cuanto este defiende la “ad-hoccidad” como parte indispensable de la práctica científica, al respecto dice Feyerabend “las nuevas ideas Subraya Lakatos, son casi enteramente ad-hoc, y no pueden ser de otra manera. Y se perfeccionan sólo poco a poco, extendiéndolas gradualmente para aplicarlas a situaciones que estén más allá de su punto de partida”…“las nuevas teorías son, y no pueden ser otra cosa que ad-hoc”[11].

En la economía es necesario utilizar hipótesis ad-hoc, para evitar el desplome de una teoría que posee buen poder predicativo y que no posee una teoría sustituta en caso de ser “falsada”. El siguiente ejemplo se utilizará para argumentar a favor del postulado anterior.
La teoría (ley) marginalista del consumo establece que: el índice de propensión marginal al consumo, disminuye en función directamente proporcional a la cantidad del bien o el servicio consumido. Pero no sucede esto en todos los casos, dado que las personas viciosas sienten una inclinación mayor a consumir (a suplir su necesidad) cuantas más veces ha consumido el bien o servicio, esto mismo ocurre con los jugadores.

Para salvar la teoría marginal del consumo del colapso inminente, se introducen hipótesis ad-hoc, declarando que los viciosos y jugadores, representan una clase distinta de consumidores; estos son compradores compulsivos los cuales obedecen a reglas individuales de conducta y no a reglas sociales generales.

B) Supongo que la “falsación” en el sentido de que una teoría pueda ser “falsada” empíricamente resulta ser conflictivo en la práctica científica.

  1. La “falsación” permite refutar teorías y construir teorías con mayor poder explicativo, contenido empírico y mayor confiabilidad. Históricamente sobran evidencia de teorías que son refutadas por otras verbigracia: La teoría geocéntrica de Ptolomeo, fue refutada por la teoría heliocéntrica de Copernico; la teoría atómica de Dalton fue refutada por la teoría atómica de Rutherford.
  2. Si bien lo dicho en el item 1 es razonable, resulta dudoso pensar que Copernico intento falsar la teoría de Ptolomeo y que efectivamente llevo a cabo procedimientos falsadores.
  3. En la práctica, el científico se esfuerza por elaborar experimentos o pruebas confirmadoras y no le preocupa realizar experimentos falsadores.

Popper hace hincapié en la falsación de las teorías, pero olvida que el científico continuamente formula experimentos y pruebas para confirmar sus hipótesis y me inclino a pensar que la filosofía de Popper confiere más importancia a la contrastación, que a la misma corroboración de las teorías; cuando en la praxis científica ocurre lo contrario.
Los matemáticos por ejemplo desarrollan distintos tipos y modos de demostración con el objetivo de confirmar sus teorías e hipotesis. Demuestran las propiedades de las operaciones de la aritmética, de las geometrías, del cálculo, de la trigonometría, del álgebra, de los vectores, de las matrices, de la topología (geometría abstracta), de la teoría de conjuntos, de la teoría de grupos, de las probabilidades, y muchas más. Sin embargo no es una práctica matemática diseñar experimentos falsadores para falsarlas.

C) En las ciencias sociales la “falsabilidad” de las teorías puede tener otras dificultades prácticas en la aplicación, veamos:

  1. Una teoría es “falsable” si solo si excluye por lo menos un “evento”, y será “falsada” si el evento prohibido sucede en realidad.
  2. En economía la ley de demanda se puede definir en los siguientes términos “manteniéndose todo lo demás constante (se refiere a la renta, los bienes sustitutos, los gustos y las expectativas) la cantidad demanda de un bien disminuye cuando sube su precio”[12].
  3. Uno de los incontables eventos que prohíbe esta teoría, es que un conjunto de personas aumenten el consumo de diamantes, aún cuando estos incrementan su precio regularmente. Este caso especial ha sucedió y continúa sucediendo, sin que los economistas hayan podido ofrecer una explicación objetiva y concluyente al caso.
  4. Según diría Popper un “evento” prohibido de la teoría que suceda realmente es suficiente para “falsarla”. En nuestro caso ¿bastaría con ese evento para falsar la ley de demanda? No lo creo o ¿acaso la ley de demanda no puede considerarse científica?
  5. Si aplicamos con rigor el criterio de “falsabilidad” a la economía y específicamente a la ley de demanda esta sucumbiría; lo cual representaría un duro golpe para los defensores de la economía objetiva. Esto implicaría cambiar la teoría por otra, verbigracia se propondría que la demanda de un bien no depende del precio, sino de los grados de necesidad y satisfacción de los demandantes; pero esto aunque suena tan convincente desembocaría en una explicación psicológica, explicación que se debe evitar a toda costa en la economía si desea continuar siendo objetiva y medianamente predicativa.

Nosotros intuimos que es posible aplicar el criterio de falsabilidad a la economía; incluso admitimos que es posible aplicar este criterio a la ley de demanda y hacer que esta última sobreviva. La salida es no obstante “anti- Popperiana” pues seria necesario aceptar la introducción de hipótesis ad-hoc; por ejemplo arguyendo que las esmeraldas son un tipo de bien inelástico, es decir que su demanda es cuasi- independiente del precio. Pensamos que esta salida es óptima  y creemos además que el sacrificio asumido  es mínimo, por un lado se conserva la parte fundamental del “criterio de falsabilidad” y se renuncia a un elemento que no es tan relevante. Por esta vía se logra hacer compatible la teoría de Popper con la teoría económica.
De otro modo si se aplica con toda la rigurosidad el “criterio de falsabilidad”, habría que admitir que la ley de demanda (pilar en economía) no es una ley, sino simplemente una mega generalización con gran poder explicativo; no creemos que la comunidad científica este dispuesta a apoyar tal posición, nosotros tampoco la apoyamos. Por otro lado se podría  aplicar una lógica de la situación, esta es otra alternativa, sin embargo ello no hace parte de nuestra discusión.

Hemos de cerrar este discurso trayendo a colación las palabras del filosofo Jenófanes, citado por Popper en su texto “el Realismo y Objetivo de la Ciencia”: “Y, en cuanto a la verdad cierta, no la ha conocido el hombre ni la conocerá; ni los dioses ni aun de las cosas de que hablo. Y, si por azar, la verdad perfecta se revelace, él mismo no lo sabría: pues todo es una red de conjeturas”.



[1] El principio de verificación empírica es asimétrico si se le compara con el criterio de falsabilidad de Popper; una de las razones que se puede esgrimir, es que el primero se refiere al sentido cognitivo de las proposiciones, las cuales carecen de significación en caso tal de que éstas no sean susceptibles de verificación; mientras que el “criterio de falsabilidad” como criterio lógico se refiere a los enunciados o teorías  que puede ser considerado científicos o excluidos del rango de la ciencia. Una teoría que no sea “falsable” no es científica según Popper, mas no por ello deja de poseer sentido cognitivo.
Un segundo argumento a favor de la asimetría de estos criterios, es que basta con un solo evento que esté en contraposición con la teoría, para que ésta resulte “falsada”; mientras que un solo evento no sería suficiente para verificar una teoría.
[2] Popper, Karl R. Conjeturas y refutaciones. El desarrollo del conocimiento científico. Paidos. Buenos Aires.1972.pag 57.
[3] García, Duque. Carlos Emilio. Introducción a la lectura de Popper. Copyright Universidad de Caldas. Manizales.1997. pag 25
[4] Por falsador potencial entiéndase cualquier tipo de enunciado básico que contradice a la teoría en cuestión. Parafraseando al Dr. José Rodríguez Rivera del Dpto. Ciencias Empresariales de la  Universidad de Alcalá; se dice que un enunciado básico es un postulado afirmativo consistente lógicamente (coherente con la sintaxis lógica del lenguaje elegido) que dice algo de un objeto, hecho, proceso o estado, ubicado espacio- temporalmente. En cuanto a sus funciones los enunciados básicos -afirma Popper- desempeñan dos papeles: Primero sirven para caracterizar lógicamente los enunciados empíricos y segundo son utilizados para corroborar hipótesis (L.Sc.D pag 84).
[5] Popper acepta que una teoría esta “falsada” si aceptamos “enunciados básicos” que la contradigan, pero advierte que esta es una condición necesaria mas no suficiente, pues ocurrencias aisladas no le interesan a la ciencia; así para que una teoría resulte refutada deberá ser “falsada” por medio de un efecto reproducible que la refute y ello se puede realizar por medio de “hipótesis falsadoras”.
[6] Siguiendo al profesor Carlos Emilio García Duque podemos denotar el concepto de acontecimiento como aquello que sucede en el “mundo de la experiencia posible”.
[7] Popper, Karl. Lógica de la investigación científica. Madrid: Editorial Tecnos.1980. pag 86

[8] García, Duque. Carlos Emilio. Introducción a la lectura de Popper. Copyright Universidad de Caldas. Manizales.1997. pag 41.
[9] A propósito dice Popper en su introducción de 1982 al realismo y el objetivismo de la ciencia “Resulta que la verdadera pieza clave de mi pensamiento sobre el conocimiento humano es el falibilismo y el enfoque crítico; y que veo,… que el conocimiento humano  es una clase muy especial de conocimiento animal. Mi idea central en el conocimiento animal (incluido el conocimiento humano) es que se basa en conocimiento heredado. Tiene el carácter de las expectativas inconcientes. Siempre se desarrolla como consecuencia del desarrollo anterior. La modificación es (o es como) una mutación: viene de dentro, tiene el carácter de un globo de prueba, es intuitiva o atrevidamente imaginativa. Tiene pues un carácter conjetural: La expectación puede resultar frustrada, el globo o la pompa puede pincharse: toda la información que se recibe de fuera es eliminatoria, selectiva”.
[10] Es bien sabido que Popper desprestigia este tipo de hipótesis y solo las acepta en caso de que puedan aumentar el grado de falsabilidad de una teoría, en el caso contrario no las recomienda en absoluto.
[11] Paul K Feyerabend. Contra el método. Ariel. España. 1989. pag 78.
[12] N. Gregory, Mankiw. Principios de economía. Mc graw Hill. España. 2002. pag 42

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